La Organización Mundial de la Salud advierte que el brote de ébola en la República Democrática del Congo sigue estando lejos de estar controlado y representa un alto riesgo de propagación nacional e internacional. Declarado a última hora del 15 de mayo, este decimoséptimo brote afecta a zonas del norte y este del país, donde la presencia estatal es limitada, la infraestructura sanitaria es frágil y la respuesta se ve desbordada por el rápido aumento de casos.
Según la OMS, cerca de 5.000 personas se han contagiado y más de 2.300 han fallecido en seis provincias. La organización mantiene el nivel de alerta máximo y próximamente publicará recomendaciones para la RDC y los países vecinos. Asimismo, insta a una mayor movilización de los gobiernos y sus socios para fortalecer las medidas de protección comunitaria.
Este brote es ahora el segundo más grande jamás registrado en el país y se está propagando más rápidamente que los anteriores, impulsado por la inseguridad, el desplazamiento de la población y la movilidad a lo largo de carreteras y rutas mineras. El virus, transmitido a través de fluidos corporales, causa una fiebre hemorrágica, a menudo precedida de síntomas leves que retrasan el diagnóstico, lo que permite a los infectados contagiar a otros.
La respuesta ha sido criticada por su lentitud y falta de organización, agravada por la desconfianza de un sector de la población. Muchos pacientes fallecen sin haber sido identificados como contactos de alto riesgo. También se han registrado incidentes violentos contra equipos médicos en la provincia de Ituri.
Para mejorar la vigilancia, la OMS está descentralizando sus operaciones e intentando integrar los mototaxis, que se utilizan con frecuencia para el transporte de pacientes. La Unión Europea está enviando equipos de diagnóstico para apoyar estos esfuerzos. A pesar de la intensificación de la respuesta, la OMS considera imposible predecir cuándo se controlará la epidemia.
Frank Verain
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