Los alimentos ultraprocesados ocupan una porción cada vez mayor de nuestra mesa. Si bien son prácticos y económicos, se asocian con riesgos para la salud cada vez mejor documentados. Cardiólogos europeos advierten que su consumo regular aumenta el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
Según la clasificación NOVA, estos productos —refrescos, snacks, comidas preparadas y cereales para el desayuno— son formulaciones industriales ricas en aditivos. Su larga lista de ingredientes refleja procesos complejos y el uso de sustancias que pueden alterar la microbiota intestinal o promover la inflamación.
Los estudios muestran una clara correlación: cuanto mayor es la proporción de alimentos ultraprocesados consumidos, mayor es el riesgo de enfermedad. Por el contrario, reducir su consumo mejora rápidamente los indicadores de salud. Sin embargo, persiste cierta confusión: algunos reciben una buena puntuación en Nutri-Score, lo que dificulta la comprensión pública.
La Sociedad Europea de Cardiología solicita una mejor información para el consumidor, en particular mediante un etiquetado más explícito, y el fomento de hábitos sencillos: cocinar más, priorizar los alimentos integrales y beber agua en lugar de refrescos. El objetivo es claro: limitar la presencia de alimentos ultraprocesados en nuestra dieta diaria.
Sophie de Duiéry
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